Crítica

 

La peor parte es lo mejor

2021-01-15 11:40:56

Díaz Reyes explora el libro de Juan Manuel Villalobos, en donde identifica una narrativa fresca, verosímil y sincera. Una narrativa propositiva como deberían ser escritos todos los libros

 

 

 

Por Carlos Díaz Reyes*

 

 

La peor parte es de lo mejor. Es justo de esas sorpresas agradables que uno desea encontrarse cuando abre el libro de un autor que no conoce. Hay que leer a más desconocidos y mirar más editoriales independientes, ahí se esconden tesoros. Ahí, podríamos decir, se hace la literatura más honesta, más limpia de ambiciones comerciales y más impulsada por el simple deseo de contar algo. Así es como se deberían de contar todos los cuentos y así es como lo hace Juan Manuel Villalobos, autor de La peor parte, publicado por Librosampleados (2020). Su libro es un volumen consistente de 11 relatos y un “bonus”, casi todos en primera persona. ¿Ese personaje es Juan Manuel? Ya se advierte en la contraportada: “Me preguntan si lo que cuento es verdad. Si realmente sucedió. Digo que sí. Digo que todo. ¿Para qué habría de engañarme a mí mismo?”

Sabemos que la sentencia de Villalobos puede ser verdad sólo en parte. La línea entre lo real y lo imaginario es frágil en este volumen. Lo primero que llama la atención es ver los datos biográficos debajo de los títulos de cada cuento; nombres de personas acompañados de ciudades y años, que indican el lugar y fecha de nacimiento, incluso, a veces muerte. Basta leer un poco para entender que todos parecen ser inventados y no son quienes escribieron los cuentos, sino quienes dan el pretexto a la narración. A veces son la voz narradora, a veces fantasmas, a veces personajes secundarios. Un juego ficcional otorgarles a estos hombres y mujeres una cualidad de realismo.

El misterio lo invade todo en La peor parte. Todos los cuentos están sumergidos en brumas frías y melancólicas, que relatan eventos difíciles y hasta violentos. La voz en primera persona es otro de los detalles que los vuelven cercanos. Pasa siempre que se escribe así, de pronto lo que se lee parece mucho más cierto –como si la mentira sólo pudiera usar la tercera persona–. Y uno se cuestiona si los lugares y eventos fueron reales, si no estaremos siendo engañados y en realidad se trata de una colección de crónicas. Pero esta intriga no es algo desagradable, al contrario, es quizá la principal cualidad del libro. Es aventarse doblemente al misterio para quien, como yo, desconocía la obra de Villalobos. ¿Realmente habló con Juliette Binoche? ¿Tuvo una novia que se llamaba Cecilia Huerta? ¿Posó desnudo para un pintor?

Intento describir la sensación que me genera esta lectura, que recién concluyo apenas hace unos minutos. Me gustó mucho la forma y “la forma es el fondo”, pero no siempre es sencillo explicar cómo escribe un autor. Diré, primero, que es una voz premeditada, estudiada y cuidadosa, con la solidez de un Borges y la ligereza de un José Agustín, como dos tonos contradictorios balanceándose en equilibrio perfecto. Es un autor que no desperdicia frases y que las pule muy bien. Ya sea que cuente sobre el reportaje de un periodista, su conversación con una prostituta o una breve visita a sus exsuegros, todo se cuenta con sencillez, pero sin simpleza. Hay una emoción muy sólida detrás de todo y esa emoción parece ser casi siempre la de la nostalgia, de alguien que añora, recuerda y busca tiempos mejores. Los cuentos son casi todos de alguien que sufrió cosas y las recuerda. “Un hombre sin sanar”, como dice en “Dormir es humano”.

El cuento “¿Desde dónde me llama Usted?”, cuenta sobre una supuesta llamada telefónica con Juliette Binoche. “Primavera en Bruselas”, sobre la tragedia ocurrida en un partido de futbol en el Estadio Heysel en 1985. Estos son los más prominentes ejemplos de aspectos de la realidad mezclándose en los cuentos. Consciente de esto, habla del tema en el penúltimo cuento, el cual da nombre al libro y es el más extenso de todos. En él, un autor llamado Álvaro Agustín es invitado a una residencia en Marsella por Jérôme Gerault, un amante de la literatura latinoamericana. En un punto, ambos conversan sobre la importancia de lo real y lo ficticio en la obra de Álvaro, así como su forma de contarlo. “Tienes un gran talento y el imán para que te sucedan cosas; buenas y malas, falsas y reales”, le dice Gerault, describiendo muy bien todo el contenido del libro. Para hacerlo más claro, se menciona que Álvaro escribió el relato “Dormir es humano”, texto que leímos unas páginas atrás.

Al final, el propio autor lo explica mejor: “Somos lo que nos rodea”, dice en una parte. “La vida es una eterna repetición en la que otros reemplazan nuestros actos”, en otra. Todo se siente como conversaciones casuales, con sólo dos de los cuentos más cortos (“¿Quién mató a Einar?” y “Matrimonio”) narrados en tercera persona. Y aunque en su mayoría parece tratarse de narradores poco confiables, que divagan y cuentan cosas como si se les ocurrieran en el momento, todos los hechos son fascinantes y eso habla de un escritor que sabe manipular, en el buen sentido, a su lector. Al finalizar, nos queda una sensación de tristeza, pero de paz al mismo tiempo, como si acabáramos de llorar por muchas horas.

 

 

*Carlos Díaz Reyes (Sabinas, Coahuila, 1988). Autor de los libros de cuentos Demasiado Tarde (Acequia Mayor, 2016), Los Ausentes (Acequia Mayor, 2017) y Hombres al Borde de un Ataque de Celos (Ediciones Periféricas, 2018). Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila, 2016 y ganador del Premio Estatal de Periodismo Coahuila 2011 en el área de Reportaje Cultural.

Revista Desocupado

 

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