Crítica

 

"Call Me By Your Name": una crítica sobre la juventud posmoderna

2018-02-23 05:53:56

En esta reseña, la autora hace un paralelismo entre el filme de Luca Guadagnino y el pensamiento de Milan Kundera

 
 
 
 
 
Tal vez el éxito de la película Call Me By Your Name se debe a que ésta retrata el momento en que por primera vez te enamoras, tocas, besas, amas, te entregas y, por supuesto, experimentas dolor como consecuencia de este amor. Este filme de Luca Guadagnino (Palermo, Italia, 1971) es conmovedora porque aborda ese sentimiento cuando alguien te rompe por primera vez el corazón, pero de una forma desbordante en estética, como sólo el cine es capaz, que se puede apreciar en cada encuadre y sirve para invitar al espectador a evocar de manera natural los tramposos recuerdos de ese primer amor y generar así empatía por los protagonistas: Elio y Oliver.
 
Pero Call Me By Your Name no sólo habla del amor adolescente y del dolor de la primera pérdida amorosa, también es una profunda reflexión sobre la belleza, la juventud, la vergüenza, el deseo y, en consecuencia, el fin de toda tensión sexual que da paso a la entrega. Es aquí donde este filme se parece mucho a un libro que abordaba de una forma, tal vez mucho más filosófica, los mismos tópicos que pretende con éxito esta película: El libro de los amores ridículos (1968), del escritor checo Milan Kundera.
 
En este libro, el también autor de La Insoportable Levedad del Ser refleja las virtudes e infortunios de la juventud. Para la cultura occidental la juventud y la belleza son sinónimos, son conceptos que van unidos. La belleza no es intrínseca de la juventud pero hay algo en la juventud que no nos deja ser plenos, por ende bellos. Occidente impone un modelo de belleza para la juventud que, al querer simularlo, nos sentimos inseguros de nosotros mismos. Cuando somos jóvenes desconocemos, en términos idílicos, que sólo por serlo somos físicamente perfectos, atractivos y objeto de deseo para el resto. Ahí radica lo absurdo del amor, pues este sentimiento que suele ser exaltado como la cualidad más grande del ser humano también es cruel, estúpido y egoísta. Cruel e incluso irónico porque justo en la edad en la que somos "más bellos" y atractivos es cuando más pudorosos y tímidos nos mostramos en el coito; estúpido porque justo en la etapa de la rebeldía la opinión de otros tiene mayor peso en la percepción que podemos llegar a tener de nosotros mismos y egoísta porque es también durante la juventud que idealizamos tanto el concepto del amor que no nos damos cuenta que ver a la persona amada como una posesión, que se ha ganado luego de una serie de pasos a seguir, es un acto meramente hedonista.
 
Oliver, quien es mayor que Elio, por 5 ó 6 años, sabe que su amor con el joven de 17 no puede tener un final feliz porque él viene de una familia conservadora, tradicionalista y además está comprometido. Elio por el contrario es un joven tan inteligente, de hecho demasiado para alguien de su edad, que incluso antes de que su romance empiece es consciente de que éste no será eterno. Pese a esto, ambos son egoístas y sucumben al deseo porque, como el papá de Elio lo dice en un momento clave de la película, "disfrutar del amor no tiene nada que ver con la inteligencia" pero es gracias a ella que el deseo incrementa porque la inteligencia nos hace ser precavidos, pero esto sólo provoca que las ganas se contengan y en consecuencia que los impulsos superen el miedo al rechazo y caigamos irremediablemente ante el deseo. Igual que el padre de Elio, Kundera asegura que esos impulsos que llamamos deseo no tienen para nada que ver con nuestro lado racional, al contrario éste (el deseo) obedece a pulsiones primitivas: "quien busque el infinito que cierre los ojos", señala el escritor.
 
 
Call Me By Your Name retoma, nuevamente, la idea del prodigioso escritor pues éste asegura que el deseo es un acto vertiginoso porque resulta sumamente atractivo rendirnos ante el vacío y sumergirnos en la profundidad porque sólo en la oscuridad (que esta profundidad nos ofrece) podemos gozar a plenitud, pues ella nos vuelve invisibles e infinitos. Caer en el deseo nos seduce porque despierta en nosotros las ganar de querer hacerlo.
 
Es en esa misma charla que Elio tiene con su padre, el señor Perlman, cuando la premisa de esta historia se hace aún más presente: no tiene nada de malo enamorarse de quien sea, que te enamores. Aún sea algo imposible, egoísta o cruel, no hay nada de malo en amar, pero eso nadie te lo dice, eso lo sabes cuando eres demasiado viejo, cuando los años te han hecho lo suficientemente sabio para reconocer que "nuestros corazones y nuestros cuerpos sólo nos son entregados una vez". Después de todo, como dice el señor Perlman, sólo hay una vida, y antes de que te des cuenta, tienes el corazón y el cuerpo tan gastados que para cuando llegas a cierta edad ya no tienes nada genuino qué ofrecer.
 
La reflexión a la que nos lleva esta historia es que nuestra única salvación es amar, entregarnos al deseo y dejarnos llevar como si fuéramos adolescentes otra vez, de lo contrario será un desperdicio tratar de negarnos esa oportunidad y aunque necesariamente habrá dolor, cada vez que exista amor, eso no debería frenarnos. Después de todo, como también señala Kundera: "el amor es nuestra única libertad, la única forma de albeldrio que nos fue otorgada".
 
 
 
*Verónica Lugo. Es periodista y crítica apasionada.
 
 

Revista Desocupado

 

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